Marina
Once horas de viaje que en otros tiempos me habrían parecido una tortura, ahora mismo viajando con Paul me han parecido hasta pocas. Primero me quedé yo dormidita arropada en sus brazos. Creo que fueron como tres horas y el pobre no se quejó para nada aunque era más que evidente que se le había adormecido uno de sus brazos.
El resto del vuelo yo lo pasé viendo una de esas películas que suelen poner en los viajes largos, creo que debía ser una de serie Z, ¡dios mío que mala era! No culpo