El asfalto húmedo reflejaba las luces parpadeantes del auto mientras Nikolai manejaba con determinación por una carretera secundaria, lejos de los hombres que habían intentado capturar a Lilia. Ambos permanecían en silencio, dejando que el eco del motor llenara el vacío entre ellos.
—Gracias por venir por mí —dijo Lilia de repente, rompiendo el peso que se acumulaba en el aire. Su voz era suave pero vulnerable, como si las palabras hubieran luchado por salir.
Nikolai, con las manos firmes en el