Naia
Desperté antes de que los rayos del sol lograran filtrarse por completo a través de los pesados cortinajes de la villa por primera vez en semanas, no desperté con el corazón martilleando contra mis costillas ni con la sensación de que una mano invisible me apretaba la garganta.
El peso cálido y constante de Artem a mi lado era una realidad sólida su brazo rodeaba mi cintura, manteniéndome pegada a él, y su respiración profunda y acompasada era el único sonido que competía con el rumor le