Fui al comedor, cogí un tazón de crema de brócoli con queso cheddar y regresé a la oficina tres minutos después para encontrar a Markus sentado a su mesa y sosteníael auricular del teléfono a un metro de la cara, como si tuviera lepra.
—El teléfono suena, Yessica, pero cuando descuelgo el auricular, no hay nadie. Está visto que tú no pareces interesada en hacet bien tu trabajo. ¿Puedes explicarme qué demonios sycede? —preguntó.
Claro que podía explicarlo, pero no a él. En las rarísimas ocasione