No hubo suerte. La inspección no estaba prevista hasta la tarde del día siguiente y todavía tenían que recibir la mitad de los objetos que habían pedido.
—Imposible, no puedo —me informó Stef con mucha menos seguridad de la que expresaban sus palabras.
—¿Y qué demonios esperas que le diga? —susurré.
—Dile la verdad, que la inspección estaba prevista para mañana y aún faltan muchas cosas. Hablo en serio. Todavía estamos esperando un bolso de noche, una cartera, tres bolsos de flecos, cuatro pare