El amigo de Layla ya tenía una mano en la cintura de ella y parecía totalmente seducido. No era momento de sutilezas, pensé.
¡Markus Preston acababa de masajearme el cuello con su boca!
Sin hacer caso al hombre, cogí a Layla del brazo derecho y me volví para arrastrarla hasta el sofá.
—¡Yess, oye! —susurró, y liberó su brazo sin dejar de sonreírle al tipo. Deteniendome.—. No seas maleducada. Me gustaría presentarte a mi amigo. William, esta es mi amiga Yessica, quien no suele comportarse así.