—Hola. ¿Puedo, hablar con su redactor gastronómico, por favor? ¿No? ¿Y con un asistente de redacción o alguien que pueda decirme qué día salió determinada crítica de un restaurante? —pregunté a una recepcionista muy antipática del New York Times.
Había contestado al teléfono ladrando «¿Qué?» y ahora parecía( o quizá no) que no hablábamos el mismo idioma. Mi perseverancia, con todo, dio su fruto, y tras preguntarle tres veces cómo se llamaba («No podemos dar nuestro nombre,señora»), amenazarla c