Las horas parecieron dilatarse en un silencio pesado y angustiante. La sala de espera del hospital se convirtió en un purgatorio para Laura, quien permanecía allí, aferrada a la esperanza y al dolor, sin poder apartar la vista de la puerta del quirófano. La luz de neón parpadeaba, reflejando en su rostro pálido y en sus ojos rojos, hinchados por las lágrimas y el insomnio. La lluvia seguía golpeando las ventanas, como si el cielo también compartiera su tristeza.
Desde que la ambulancia había ll