El sol apenas comenzaba a teñir el cielo con tonos dorados cuando Laura abrió los ojos. El sonido del despertador resonó en su habitación, suave pero persistente. Se estiró lentamente, disfrutando por un instante de la calidez de su cama antes de incorporarse. A su lado, el móvil mostraba las notificaciones del día: correos, recordatorios, y el mensaje de Marta confirmando la reunión de la tarde.
En la habitación contigua, Sofía también comenzaba su día. Entre bostezos y movimientos apresurad