Cuando Eros volvió su mirada al frente, sin siquiera decirle ni sonreírle a Alyssa, él vio la sombra de tres personas entrando por la habitación. Sus soldados los estaban escoltando y Eros miró como hasta el último soldado de su mafia se dispuso estratégicamente sobre los tres invitados para proteger cada punto de emergencia.
Alyssa, por su parte, no lograba comprender mucho de lo que ellos hacían. Pero si Eros no los había gritado aún, supuso que estaba bien.
Alessandro, que se había mantenido