Con un movimiento rápido, Alberto tiró sobre el rostro de Eros el pañuelo, dejando caer sobre ambos el agua de forma lenta y constante. Eros sabía qué hacer, cómo moverse, cómo controlar sus respiraciones y cómo evitar usar la nariz para evitar ahogarse o asfixiarse al mismo tiempo. No negó que fue doloroso, pues, aunque sabía qué hacer, Alberto lo tomó fuera de práctica.
Pero cuando la primera botella de agua terminó y el trapo húmedo calló contra el suelo, Eros sonrió con victoria pese al dol