Pero ya era inevitable.
—¿Hay algún escuadrón de soldados disponible, Schmidt?
Con una sonrisa en su golpeado rostro, el soldado levantó su mentón—. Señor, si soldados necesita, soldados le conseguiré. Usted solo deme la orden.
—Bien —Eros tomó aire—: envía un escuadrón "doble cero" encubiertos a Bari: quiero que me traigan a la soldado fugitiva, Schmidt. Entera y viva, que no le falte ni un solo pelo.
Con un asentimiento, Blad no dijo nada sino que se encaminó con paso apresurado para buscar a