Alyssa le sonrió a su tío, deslizando lentamente la navaja por las costillas de su tío. Sabía que no le causaba real daño, pero su ropa se desgarraba tras la punta del cuchillo y cuando él sintió el filo justo contra su piel, fue el incentivo que necesitó para contener la respiración.
—Mátame si quieres.
—Oh, no. El que sufrirá no eres tú —Alyssa buscó los ojos miel de su tío—. Livia está abajo, en la habitación del pánico con su hija. ¿Adivina quién tiene el control para su liberación?
Sin sol