—Elián, ¿y estás seguro que eran policías? —Le preguntó Alyssa lentamente, como quien no quiere espantar a un animal herido.
—¡No soy tonto, Alyssa! Tenían uniformes y un maldito carro con sirena —aquella respuesta solo indicaba la irritabilidad de Elián, pero en realidad no aseguraba que eso fuese verdad—. Lo siento, no he dormido en tres días ya y comienza a afectarme la mente. El punto es que eran policías hasta donde sé. Mi ejercito salió casi completamente ileso. Sin grandes bajas consider