Ella apretó los puños y los dientes. Una cosa era burlarse de los Caruso y otra cosa muy diferente para Alyssa que alguien llamara "débil" a su esposo.
—No nos tientes —le respondió Alyssa, sin emoción en su voz—. ¿Por qué crees que estoy aquí, si no?
Una risa se alzó en el aire, Alyssa sintió que de su pecho se salía todo el oxígeno. Ya de por sí era difícil respirar en el lugar, bajo las miradas de odio de los guardias de Alberto y la constante tensión de Eros, Alyssa sentía que su cuerpo no