Los jadeos suaves que salieron de su boca al sentir a Eros completamente dentro de ella la incentivaron a regular un poco más su respiración. Con una nalgada Eros la apremió—. Ay, hijo de... —Alyssa se mordió el labio, sintiendo su piel arder entre el dolor y el placer. No sabía cómo podía haber una fina línea que llevara del uno al otro—. ¡Más, Eros!, ¡más! —Suplicó Alyssa. Aunque ella no estaba segura de si se refería a más palmadas o que él la embistiera más fuerte.
Eros empujó el hombro de