—Entonces, ¿eso crees que fue lo que pasó? —preguntó Eros casi veinte minutos después, su voz era suave y su toque lo era aún más. Alyssa podía recordar a la perfección cuán duro era su pasión, sus fuertes embestidos, su rígido y varonil miembro chocando contra su epicentro y la forma en que con su hábil lengua y manos podía hacerla retorcerse y gritar su nombre, perdida en placer. Pero, increíblemente, la mirada dulce que él le estaba dando en ese momento quedaría grabada a fuego en el corazón