Eros esperó que sirvieran dos copas para después entregarle una a Alyssa en su mano. Él todavía no podía creer lo que habían hecho, no podía creer que alguien tan hermosa fuera su esposa y, sobre todo, no podía creer que ahora ella, literalmente, era de su propiedad, así como él era de la suya también. Ni en sus mejores sueños Eros se imaginó que estaría de esa forma.
Y cuando Artem llegó hasta su lado, no dudó en hacérselo saber—. Es que, en serio, el gran dios, Eros Caruso, ¿casado?, ¿asentan