A Mick no pareció gustarle el apodo—. ¡Necesito apoyo! —gritó a nadie en particular apretando su agarre en ella hasta hacerle daño. Alyssa pudo escuchar unas pisadas rápidas provenir desde la puerta tras esa orden. Como su cara estaba contra la pared, ella no pudo girar su mirada y ver cuántos provenían, aunque no le importaba tanto qué tan grande era la torva de soldados que entraba. Alyssa forcejeó más, usando sus rodillas, codos y cabeza hasta golpear cualquier pedazo de músculo que consigui