Capítulo 44. Parte 2 - Un paso a la vez
Alexia:
Si todos los hombres son iguales, creo que un poco de orgullo y llanto forman la mezcla perfecta para conseguir resultados favorables. No es que la actitud de Máximo no me duela; claro que duele. Sería absurdo negarlo. Cada palabra fría, cada gesto distante, se me clava como una astilla bajo la piel. Pero llorar no me cuesta, nunca me ha costado. No soy de hierro, soy de carne y hueso. Y aun así, si mis emociones pueden jugar a mi favor… ¿por qué no utilizarlas?
He aprendido que la vulnerabilidad bien administrada es una forma de poder. Nadie se defiende de una mujer que parece rota. Nadie sospecha de quien llora en silencio. Y Máximo, con toda su dureza aprendida, no es inmune a eso. Puede negarlo, puede intentar convencerse de que no le importo, pero su cuerpo lo traiciona, y yo sé leer esas señales mejor que nadie.
Recojo mis cosas con movimientos lentos, casi meditativos. No pretendo irme de la mansión; eso jamás estuvo en mis planes. Necesito quedarme aquí, dentro de su m