La semana siguiente transcurrió en un frenesí de trabajo. La tensión que había surgido entre Sebastián y Emma no desapareció por completo, pero ambos parecían haber llegado a un acuerdo tácito: seguirían adelante como si nada hubiera cambiado, aunque todos sabían que, en el fondo, todo había cambiado. Ya no se trataba solo de negocios, ni siquiera de una simple relación profesional; algo más profundo había comenzado a gestarse entre ellos, algo que ninguno de los dos sabía cómo manejar.
Sebasti