El aire en la oficina de Sebastián era tenso. La luz del atardecer se filtraba a través de las enormes ventanas, iluminando el rostro de ambos, reflejando las sombras de un conflicto que apenas comenzaba. Emma sostuvo su mano con firmeza, sin saber si lo hacía por apoyo o por desafío. No podía evitar sentirse vulnerable al tomar esa decisión, pero en el fondo sabía que no había vuelta atrás. Sebastián había puesto sobre la mesa la verdad más amarga que podría haberle revelado: su padre estaba d