La lluvia comenzaba a caer de manera ligera, pero constante, sobre las calles de la ciudad. El sonido de las gotas chocando contra las ventanas del coche proporcionaba una sensación de serenidad en medio de la tensión palpable. Aitana no podía dejar de pensar en todo lo que había sucedido. La traición de Marcos aún retumbaba en su mente, y las palabras de Nicolás, con su amenaza sutil, no dejaban de acecharla.
Elena conducía en silencio, con los ojos fijos en la carretera, mientras Aitana mirab