Mundo ficciónIniciar sesiónEsa noche solo había silencio en el ático y una cena hecha por Amelia que no pudo ser servida. Máximo no había llegado y yo había perdido el apetito.
—Buenas noches, mi niña. —Se despidió ella con una sonrisa y apagó las luces del vestíbulo, dejándome sola en el salón.
Amelia iría a ver a su hijo y el siguiente día era domingo, por lo que sus días de descanso eran los m&







