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Ariel se estremeció y se llevó las manos al vientre al tiempo que yo intentaba controlar las lágrimas. No tuve éxito y sentí la delicada intención de sus dedos sobre mis mejillas para borrar el rastro de humedad en mi piel.
Pronto descubrí que ella también sollozaba.
—Estuve inconsciente en el hospital por dos días… —Murmuré.
—Eras solo un n







