Su agarre y su forma de hablarme me hace sincerarme un poco, como si ella fuera la mujer maravilla y todo de ella fuese la soga de la verdad.
Ella esboza una sonrisa y me hace sentir seguro.
—Te esperaré el tiempo que sea necesario Ale —me dice y me impulsa a darle un beso.
—Por eso te escogí, eres perfecta, me entiendes, me aceptas como soy, me obedeces, eres paciente y no me siento obligado a nada —digo mientras sigo dándole piquitos.
—Lo que sea por mi papi —sujeta mis labios y mantiene