—¿Amor? Te traje un té, ¿Cómo te sientes? —Ale entra a la habitación con una taza en las manos mientras Sam se sentía mal por lo que su padre le había dicho en el cementerio.
—¿Cuándo regresaremos a Argentina? —Se sienta para mirarlo.
—Acabamos de enterrar a mi abuela Sam —se explica.
—Lo sé amor, pero debo irme, no quiero que mi padre me odie y me tengo que ir sola para calmarlo, pero tampoco deseo darle la razón que el padre de mi hijo es un imbécil por dejarme viajar sola. —Alessandro suspir