••Narra Frederick••
Cerré la puerta de mi oficina detrás de mí, sacando la carta que yo mismo había arrugado y la dejé en el escritorio, sintiendo el impulso asesino brotando de mi pecho. Sentía una molestia en mis dedos solo por haber tocado ese maldito papel.
Respiré profundo, tomando un trago de whisky que me quemó la garganta, preparándome para abrir la carta. Con movimientos descuidados por la rabia, lo abrí. No necesitaba leerlo para saber lo que decía. Era la tercera en esta semana.