••Narra Arturo••
—¡Mierda! —maldije entre dientes, abrochándome el pantalón a toda prisa. Mis dedos, usualmente tan ágiles para desarmar una amenaza o manejar un arma, se sentían torpes y temblorosos—. ¡Maldita sea, otra vez!
El eco de la puerta al cerrarse de golpe aún resonaba en la habitación, igual que el latigazo de pánico que me recorría la espina dorsal. La segunda vez. Era la maldita segunda vez que nos pillaban. Primero había sido Charlotte, meses atrás, buscándome a Willy. Y ahora Fr