La pluma pesaba en mis dedos. Miré el contrato con la visión borrosa por las lágrimas.
Una lágrima aterrizó en una de las hojas.
—A la mierda —Firmé con la mano temblorosa.
«Ya estaba vendiendo mi cuerpo para poder vivir, que más daban las cláusulas»
Fue un pensamiento imprudente, guiado por la rabia y la desesperación.
Necesitaba leer las cláusulas.
“La parte A tiene prohibido salir del ala designada de la mansión. Excepto para citas medicas. Cualquier otra salida debe ser aprobada por la part