El eco de mis palabras aún resonaba en el aire cuando sentí las piernas temblarme. “Porque sé que todo es una actuación para volver a lastimarme”. La expresión de Frederick se quebró como cristal bajo un martillo, y en ese instante supe que no podía quedarme.
Retrocedí, observando como la gente me veía, como si fuera un fenómeno. Seguro pensaban que la misteriosa prometida rusa de Frederick era una demente y puede que fuera verdad, ¡puede ser que sí estuviera demente!
Digo, este hombre jugó