El agua seguía cayendo, pero no era suficiente para limpiar lo que habíamos desatado. El tiempo pasaba y continuábamos perdidos en el placer. Podía sentir un hormigueo en mis labios y en otras partes de mi cuerpo. No había zona que sus manos no hubieran tocado y que sus labios no hubieran besado.
En algún punto, él se había quitado la ropa y me estaba empotrado contra la pared. Mis senos siendo presionados por sus manos, las cuales me tocaban como si mi cuerpo le perteneciera.
Ya mis piernas