Salí del baño, vestida con aquella absurda pijama. Ni siquiera entendía por qué llevábamos puesta esta clase de ropa a esta hora.
Mi vista fue al piso, donde antes estaba el pervertido inconsciente, ensangrentado y con pedazos de vidrios por todos lados. El sitio se encontraba limpio y pulcro, como si no hubiera ocurrido nada.
Frederick estaba sentado en la cama, viendo algunos papeles. Levantó la vista en mi dirección, dejando las hojas a un lado.
—¿Estás lista? —dijo, sin mostrarme ninguna