El cuerpo me crujía al estirarme, palpé el área donde estaba, sintiendo los ojos adormilados. La luz se filtraba por la ventana.
Ya había amanecido y no recordaba haberme quedado dormida. Lo último que recuerdo es estar en la bañera, con mi exesposo frotando mi cuerpo después de una acalorada discusión.
Estaba en una cama, pero no era la del área restringida. Esta tenía un olor particular, a menta y perfume varonil… El perfume de Frederick. Estaba impregnado en las sábanas, en la almohada.
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