Capítulo 36: Heridas que no cierran.
Una vez en la lancha, Charlotte continuaba llorando y forcejeando conmigo, sabía que debía ser doloroso para ella todo ese esfuerzo, todo ese movimiento, pero igual seguía luchando, y eso solo le pasaba factura a su herida.
Prefería seguir lastimándose y sufriendo con tal de que yo no la tocara.
Esa verdad me escocia de una forma que no creí posible.
—¡Basta, Charlotte! ¿Quieres morir desangrada en mis brazos? —Le grité en la cara—. ¿Quieres qué sea yo la última persona que te vea con vida