Capítulo 30: El restaurante.
Estuvimos en silencio en el trayecto. Él no dijo nada más y yo tampoco tuve ánimos de comunicarme.
De vez en cuando, veía a través del espejo del retrovisor, pero no veía el vehículo en el que se subió David. Tal vez fue una coincidencia y se dirigía a otro lado. Tal vez no nos estaba siguiendo. Debe haber sido parte de mi imaginación.
El auto se detuvo en frente de un edificio. Era una zona restaurantera.
Toqué mis sienes, recordando que no llevaba los lentes de sol.
—No los necesitas, Cha