En el auto, miraba a Frederick de reojo, sintiendo algo parecido a una lengua envenenada, ya que no podía moverla, por más que quería hacerlo. Tenía las palabras en la punta de la lengua, pero no salían. Me daba mucha vergüenza admitir lo que había pasado ya que ni siquiera yo era capaz de creerlo. No me asustaba que Frederick me fuera hacer algo, ya que sé que no se las agarraría en mi contra, pero con Julián… A él si lo podría matar, por más que ahorita se lleven bien.
Arrancó el motor y av