••Narra Charlotte••
Las cuerdas mordían mis muñecas, pero el dolor físico era nada comparado con la rabia y la traición que ardía dentro de mí. Desde la cama donde estaba atada, veía a mi padre y a Charles discutiendo en voz baja pero con ferocidad al otro lado de la habitación.
—Tenemos que irnos ya, Klifor —gruñía Charles, su impaciencia palpable en el espeso aire de esta casa vieja—. Cada minuto aquí es un riesgo. Ve por el maldito dinero. Tu contacto tiene que entregártelo ahora.
Fruncí