El mundo se redujo al sonido del seguro del arma siendo retirado. Un clic metálico, seco que cortó la atmósfera cargada de la habitación como un cuchillo. Charles se paralizó, su mano pecaminosa suspendida en el aire a centímetros de mi rostro. El horror en sus ojos era real, palpable.
Yo seguí la dirección de su mirada, mi corazón golpeando mi pecho con tanta fuerza que sentía que iba a romperme las costillas.
Allí, en el marco de la puerta, estaba mi padre.
Klifor Darclen. Su rostro estaba de