La euforia aún me recorría como una corriente eléctrica mientras caminaba junto a Julián por el largo pasillo que conducía a la salida principal. El eco de nuestros pasos sobre el mármol parecía marcar el ritmo de mi corazón, que latía con una esperanza renovada.
—No te puedo creer que lo hayamos encontrado, Julián —dije, mi voz aún temblorosa por la emoción—. Mañana a esta hora, mi padre podría estar… Libre. Libre.
Julián sonrió, ajustando su maletín que ahora guardaba las copias impresas de n