Capítulo 238: Muñeca rota

El pasillo que conducía a la habitación de Miranda Can era un túnel blanco y silencioso, flanqueado por dos de mis guardias, ya que me había encargado de que el hospital no le notificarán a la policía hasta que yo hablara con ella.

El doctor me había entregado una bata estéril y mascarilla. Precauciones excesivas, quizás, pero necesarias para mantener las apariencias.

Cada paso resonaba en el vacío del corredor, un eco de la decisión que estaba a punto de tomar.

Al abrir la puerta, la esce
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Viviana Adriana Tazziolimaldito desgraciado, Miranda no es una santa, pero que su propio padre le haga tanto daño .es un mounstro
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