••Narra Charlotte••
La luz blanca y artificial de la habitación de hospital se había vuelto opresiva. Los monitores junto a mi cama emitían un pitido constante y monótono que marcaba el ritmo de mi latido cardíaco, un recordatorio de que, a pesar del susto, tanto el bebé como yo estábamos perfectamente bien.
El Doctor Bennett acababa de irse después de revisar mis últimos análisis, con una sonrisa de satisfacción bajo su mascarilla.
Y pensar que hace un par de semanas atrás, los conflictos con mi hígado parecían inagotables. Ahora, estaba en un perfecto control gracias a las pastillas. No me hacía gracia tener que tomarlas todos los días por el resto de mi vida, pero prefería eso antes que empeorar, dañar a mi bebé o a mi cuerpo de por si.
—Todo está en orden, señora Lancaster —había dicho—. Las enzimas hepáticas están dentro de los parámetros normales. El bebé crece adecuadamente. Realmente, es un caso ejemplar de control para un embarazo de alto riesgo.
Un alivio inmenso m