Charles caminó con paso seguro en mi dirección, pero yo no estaba de humor para conversar con él. Solo quería que mi esposa me diera una explicación de lo sucedido antes de tumbara esta maldita mansión.
—Pensé que sería el único con insomnio esta noche —dijo con esa sonrisa de cocodrilo—. Los celos son una bestia difícil de domar, ¿no es así, Lancaster?
No respondí. El teléfono en mi mano pesaba como un ladrillo.
«Este desgraciado estuvo escuchando todo»
Charles se detuvo a mi lado, mirando