••Narra Frederick••
Esperé, esperé y esperé. Pero la testada lista que le pedí a Arturo no llegaba. La incertidumbre me estaba asfixiando al punto de no dejarme dormir.
Charlotte estaba acostada junto a mi, de costado, con sus mechones rubios cayendo sobre su rostro. Sus labios estaban entreabiertos y su pecho subía y bajaba a un ritmo pausado, relajante. Se veía tan hermosa, como siempre. Y ese pequeño bulto en su vientre que se marcaba debajo del camisón, la hacía mucho más hermosa.
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