Traté de no ver los ojos agrandados de Frederick cuando hice aparición. En su lugar, miré los de la señora Lancaster, madre de Frederick. Su cabello era más blanco que rubio, pero sus ojos….¡Vaya, sus ojos eran los mismos que Frederick!
La mujer me miró con la misma impresión que se ve cuando una cucaracha vuela.
—¿Qué le hiciste a mi hijo? ¿Qué clase de brujería le echaste? —La mujer se acercó a mí con paso seguro, pero no me eché para atrás. Mantuve mis pies clavados en el piso como si me h