••Narra Miranda••
Golpeé a la sirvienta con la muleta, justo en el tobillo. Se movió de lugar al recibir el impacto, pero no se quejó. Mantuvo la cabeza baja mientras lloraba.
—¡Eres una maldita inútil! ¡Te di una sola tarea!
—Lo siento, señora… Pero no podía hacerlo —Negó con la cabeza, sin atreverse a verme.
—Te pagué el triple. Te dije exactamente cómo hacerlo. Un polvo inodoro, insípido… ¡Maldita sea, hasta te di el té negro que a esa zorra le gusta beber! —Golpeé el suelo con la muleta.