El nombre salió de mis labios como un susurro. Por un segundo, creí que estaba delirando, pero aquellos ojos azules eran tan intensos que se me erizó la piel. No cabía duda de que era la realidad.
—¿Es tu chica? —dijo el trabajador, sin mostrar ningún arrepentimiento—. No mal pienses la situación. Ella se cayó y yo la estaba ayudando a levantarse. Se asustó, eso fue todo —Las palabras le salieron con tanta naturalidad que me sorprendí. Volteó a verme—. ¿Verdad?
—Ajá —Me limité a decir. Traté