Capítulo 102: Dime la verdad, princesa.
Frederick no soltaba mi muñeca por nada del mundo, como si temiera que saliera corriendo en dirección contraria a la más mínima oportunidad. Y la verdad, estaba tentada a hacerlo.
Íbamos por la calle con pasos largos y furiosos. Yo trotaba detrás de él, tratando de mantener el ritmo. Un paso largo de él, eran dos míos.
Ya había corrido mucho en lo que iba del día. Tenía muy mala condición física, porque sentía que me faltaba el aire por todo y por nada.
—¡Frederick, no puedo ir tan rápido!