Capítulo 100: Antojo involuntario.
El sol de la tarde golpeaba con fuerza, pero bajo mi gorra y las gafas de sol, me sentía como una espía en una misión secreta. Frederick caminaba a mi lado, su presencia imponente incluso disfrazado de civil.
Aún no podía creer que quisiera salir conmigo. Le salía más fácil colocarme un guardia que me acompañara. En especial porque no se veía muy dispuesto a pasear. Apenas llevábamos cinco minutos y ya había bostezando tres veces. Lucía muy agotado, pero aún así, estaba aquí, con su gesto de: