Capítulo 9.
No dije una sola palabra.
Simplemente lo adelanté.
Seguí exactamente el mismo recorrido que él había tomado las seis veces anteriores hasta llegar a la esquina siguiente.
Ahí me detuve.
Me recargué contra la pared y crucé los brazos.
Esperé.
Unos segundos después apareció Zero.
Fruncía el ceño.
Le sostuve la mirada. Después arqueé una ceja.
No hacía falta decir nada.
Los dos sabíamos que lo había descubierto.
Bufó con evidente fastidio antes de darse media vuelta.
—Sígueme.
Por fin